Hace muchos siglos un médico llamado Galeno enseñaba que todas las personas deberían tener un consejero de cabecera. ¿Qué vería Galeno para llegar a esta conclusión? No puedo estar seguro, pero si me imagino muchas cosas. Por ejemplo, visualizo a las personas que se le acercaban por un problema físico pero que terminaban por contarle sus “dolores emocionales” y una vez que se desahogaban se sentían más tranquilas y liberadas; otras, al platicar con él, se daban cuenta de errores que estaban cometiendo o hallaban la solución que buscaban.
He leído muchas veces las cartas de Pablo dirigidas a distintas comunidades cristianas de su tiempo y encontré alguna relación con el consejo de Galeno. Por ejemplo, para los que poseen un conocimiento básico del Nuevo Testamento, sabrán de la relación entre Pablo y su “hijo” Timoteo. Timoteo era un hijo espiritual de Pablo, o dicho de otra manera, Pablo era el mentor de Timoteo.
Mentor es una especie de educador, alguien que guía, aconseja, escucha y enseña por la experiencia a otro individuo menos experto. Timoteo cometió muchos errores, se desanimó y, seguramente, perdió el rumbo en su ministerio. Gracias a Dios que tuvo a Pablo que le pudo acompañar, le hizo ver algunos de sus errores y le habló claro y directo.
Pienso que esta filosofía es actual. Pienso que necesitamos a personas más experimentadas que nosotros para que nos acompañen y sean nuestros mentores, nos aconsejen y nos aporten otros puntos de vista a los nuestros. De lo contrario corremos el riesgo de pensar que estamos siempre bien, cuando en realidad no lo es, o por otra parte, pensar que siempre estamos mal cuando esto no es así.
Tener a una o varias personas sabias que nos hablen directamente al corazón y nos puedan iluminar en donde no vemos claro, es un regalo de Dios. Deseo aclarar que un mentor no es alguien que nos va a resolver la vida, ni mucho menos decirnos que hacer en cada situación donde nos encontremos en una encrucijada, simplemente será como una especie de espejo que nos ayude a ver aquellas partes de nosotros que no alcanzamos a ver.
También será alguien que tenga la buena actitud de escucharnos cuando estamos en conflicto. Es común que tengamos diferencias con alguna persona de nuestra familia, de la iglesia o del trabajo y sentimos la necesidad de platicarlo con alguien. Es muy importante que este alguien sea lo suficientemente maduro para ayudarnos a encontrar calma.
Hoy tienen muchos nombres: terapeutas, sacerdotes, consejeros, orientadores, pastores, líderes de grupo, etc. Sin embargo puede ser cualquier persona aunque que no tenga ninguno de estos títulos pero que tenga las características apropiadas, para algunos puede ser su abuelo.
Mi invitación es a que busques uno y si lo tienes acude regularmente a él. No esperes a que llegue el “2012” porque puede que no lo alcances a ver.
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