Diario de una intercesión
La experiencia que he vivido en esta noche ha sido maravillosa, es el Señor mismo dándome su regalo más precioso: “Su Presencia”. Dispuse mi corazón a interceder por mis hermanos de comunidad, ha mi mente venían distintos rostros, cada uno de ellos me hacía sentir una necesidad específica la cual intuía que debía detener mi oración y suplicarle al Señor por mis hermanos. Esto lo he querido hacer desde el corazón de Jesús, tomado de la mano del Señor, porque yo no sé orar como conviene, pero el Espíritu viene en ayuda de mi fragilidad.
En determinado momento un sentimiento intenso hizo detenerme para interceder por una persona en específico, me sentí conectado con esta persona, estuvo clamando por su necesidad hasta experimentar una paz que me daba entender que mi oración había sido escuchada. Entonces, el Señor me dio una Escritura en uno de los profetas, entonces pensé que era una palabra para la persona que había orado.
Todo esto lo he hecho por fe, porque creo en las Promesas de Dios, creo en Jesús mi salvador, creo que la oración de intercesión, hecha con humildad, con fe y de la mano de Jesús es poderosa.
Te animo a que sigas adelante, no te detengas, sigue orando que el Señor ¡nos ha dado la victoria!